miércoles 22 de febrero de 2012

abandonar las carnes


El gesto más violento que recuerdo de mi niñez es cuando en Carnavales, en las callecitas de Sábana Grande, un niño desconocido en algún traje desquiciado de torero con spiderman me pedía decir las letras del abecedario; y en mi ingenua "A", me arrojaba papelillos directo a la boca. El horror. El desconsuelo. ¿POR QUÉ?

El miedo más grande fue cuando una niña desconocida, con un peinado desquiciado de Punky Brewster del Caribe me encerró en el palomar de una casa de playa. ¿QUÉ PASA!? ¿POR QUÉ?

La paranoia pasó con los años y Sábana Grande pasó por sus años en los que no se bañaba y usaba la ropa rota y nos decía a todos que no era una etapa, que era un estilo de vida,  agravaba el tono de su voz para sonar menos infantil y lloraba en el baño. Y siempre que abría la boca me tiraba papelitos estúpidos de esos a la cara. Nos alejamos.

Ambas recibimos unas bofetadas conceptuales. Ambas nos buscamos a nosotras mismas imitando sin decirlo a Thelma y Louise.


Crecimos. Y hoy, las reinas de carnaval se pasean con nosotros y nosotros con ellas.


Aquí está el jugo

lunes 13 de febrero de 2012

viernes 20 de enero de 2012

saturnazo de los 20


Década ridícula donde como en la adolescencia, las estupideces se amplifican. Pellejitos arrancados de los dedos por una ansiedad que parece malcriadez. Estos veinte que uno juró haber pasado porque uno cree ser más maduro de lo que es. Saturnazo, maldito indeciso. Mirada de reojo de los 15 a los 23. Peor porque sabemos que somos idiotas ahora más que antes, peor porque sigue importándonos que nos vean como idiotas, peor porque entonces nos mentimos al decir que no es así, que no nos importa. Peor porque irrita ver que somos la década de la gente que hace las cosas por decir que las hizo. Peor por todos los "malos" a juro. Peor por lo peor que se sienten. Flashbacks de alguien que fuimos y claridad al menos en lo que no queremos ser. Peor por el ego. Peor porque somos vanidosos con una pseudo-conciencia. Peor porque parece que hubiese sido todo más fácil si hubieses sido un poquito menos habladores, un poquito menos payasos, un poquito menos rimbombantes. Mejor si hubiese sido el tímido y el callado. Mejor porque cada día es más evidente que hay que pasar esto. Mejor porque nos decimos "un día a la vez". Mejor porque crecer es chévere. Mejor porque cada día es una nueva oportunidad para decir fuck it, señores.

lunes 9 de enero de 2012

tríada

Escuchar esta canción para leer: "Yayo" - Lana del Rey

Hay tres imágenes que siempre me han fascinado. Tres fotos que sin filtro son el gatillo de una sensación indefinible; como son las cosas sublimes, que le bajan el volumen a la explicación racional para darle entrada al escalofrío y al suspiro. Las cosas que últimamente me valen más la pena, porque hay que hablar menos.

La primera la agarré en una conversación con mi mamá. Habrán sido las 2 de la mañana y me dijo: no hay nada más melancólico que un carrusel en el desierto. El mayor sin sentido, la soledad es así, ni mala ni buena, un carrusel en el desierto que a pesar de estar solo sigue dando vueltas.

La segunda es conocida, la tenemos en el subconsciente de una manera peculiar, en alguna película lo vimos, en algún video. Un león sobre la cama.  La locura es así, no? Deliciosamente irracional como un león desfachatado sobre sábanas y edredones. La locura o el lujo, el lujo también es así. Porque no es cualquier cama, la imagen tiene añadida una habitación suntuosa de palacio de siglo XVIII, un cortinero dorado, una silla Luis XVI. Y ahí, el lujo se da el lujo de tener un león sobre la cama.

La tercera me la regaló Charly en Rezo por Vos. Y quemé las cortinas. (Y me encendí de amor...) Creo que me gusta porque siempre imaginé que la imagen previa había sido una pareja intensa y rocanrolera (todos nos podemos permitir nuestros clichés) y ella quema las cortinas, en un arrebato intenso y complicado, con un Zippo desgastado. Agarra un par de tacones del suelo y se va descalza por el ascensor. Él, desconcertado, hunde su cabeza entre sus manos. Y como yo tampoco soy original, y como tenemos unos muy peligrosos gustos, siempre pensé que ser así por un momento sería interesante. La verdad es que seguramente no lo es, pero así me vendieron a la chica compleja. Yo la compré. Con sus cigarrillos, sus botas de cuero, su chaqueta, sus lentes de sol y su soledad.


Curioso mejurje que tengo en la cabeza...


lunes 26 de diciembre de 2011

Morella I.

Vamos a ver...

Yo voy a decirte un nombre al azar, de algún país que yo sé que has visitado. Tú me vas a decir lo primero que pienses.

Vamos.

Japón

Japón es muy lindo. Con sus techos de madera, sus kimonos. Con sus cruces... mentira, cruces no porque eso es un elemento occidental...de la comida no me acuerdo. Sus techos a dos aguas. Japón con sus lindas japonesas y su amabilidad. Ahí veo una japonesa en la ventana. Me acuerdo que estaba embarazada y la mandaron a estar acostada los nueve meses, era otra época... Su esposo era un diplomático que la quería mucho. Pero dió a luz a un niñito que nunca despertaba, los médicos le dijeron que estaba muerto. Qué cosa más triste... Mucho pescado fresco hay en Japón, todo muy organizado. Ahí está la casita japonesa. Ahí, pues, en ese árbol! Ahora veo como unas caraotas... están juntas, pero no, ellas no se besan así.

Japón.
Kowaki-En, Hakone. Japón, 7 de Septiembre. 1960

Escuchando el sanshin y el tambor, Japón es ése tren que probablemente agarraste, el acompañante anónimo que se sentó a tu lado, el té verde en el hotel, el recuerdo de tus niñas en Caracas, el bambú mañanero, la lejanía de la calle y todos los lugares comunes que me inventé.

sábado 12 de noviembre de 2011

the romanian name for paracethamol

Día 9.

No entendí qué sentía pero algo no estaba funcionando. No terminaba de estar completamente cómoda y reconocerlo me costó, porque uno debería sentirse cómodo siempre en estos momentos de la vida. Un viajero sin preocupaciones, con apertura todos los días las 24 hrs. Uno debería poder apreciar todo y sentir gratitud siempre, ¿no?

No. Esta vez no fue así y está bueno también decir eso. Cero soulsearching romántico, en esas 5 ó 6 hrs inquietas en la mitad de Transilvania.

Tuve mis momentos de brillo, cómo no, como los veinte tranquilos minutos que pasé en el cementerio en completa paz o la subida por aquellas escaleras viejas construidas para que los feligreses fuesen a misa y no se mojaran bajo la lluvia y agarrasen una vergonzosa neumonía, o el viaje en tren desde Bucarest, o estas ganas que no se me quitan de volver.

Sin embargo, en ese momento la sensación era de incertidumbre; con una percepción que traté de sacudirme de las personas del pueblo, como seres que vivieron cosas terribles o que les contaron sobre cómo su familia vivió cosas terribles y temen vivirlas ellos mismos. Sí sentí eso. Una actitud como de: "no sé, por favor no me preguntes tanto". Intranquila. Como pocas veces me he sentido en casa donde lo que más hay es intranquilidad.

Fue además demasiado tiempo para un pueblo tan pequeño y pensando que quería, me forcé a agarrar un tren a Brasov solo para llegar a la estación y darme cuenta de que me quería regresar. Qué vergüenza. Qué poco intrépida. Porque entre la fiebre que somaticé descaradamente y la incertidumbre, preferí devolverme a Sighisoara, a mi mesa en el café de las tortas de chocolate curiosas, donde las dos turistas inglesas con las piernas peludas hablaban sobre sus divorcios. Rodaban además una peli en la calle principal, completamente cerrada para turistas durante todo el día. Me uní a un grupo de turistas judíos indignados y ahí estuve, sin entender una sola palabra, pero asintiendo con decisión cuando la que asumo era la líder del grupo le manoteaba en la cara al asistente de producción. De más está decir, que disfruté de la versión especial del Hava Nagila que tres personajes del pueblo le montaron al pequeño grupo de judíos decepcionados. Faltaban sólo tres Harleys y un orangután suelto para cerrar el cuadrito surrealista.

Di vueltas, wifi, más vueltas, leer, otra vuelta más, wifi, tiendas de souvenirs, Vlad Dracul, wifi, ida a la estación de tren para asegurarme que tendría un compartimiento para dormir (gasté 7 euros en 4 viajes de taxi ida y vuelta a la estación) "Gara, Piaţa Citate, Gara, Piaţa Citate" wifi, pollo relleno con paprika, vuelta, y finalmente me senté en el banco central de la Ciudadela a sentir un poquito de desamparo. Mal humor. O hablaba con alguien (o con algo) o se venía el llanto de bebesota.

Loco time. Agarré la cámara y decidí registrar el bajón. Durante un minuto aproximadamente le hablé a la cámara. De lejos la imagen mía no podía ser nada más sino friqueante. Estuvo buena la catársis pero no fue suficiente.

Un grupo de turistas gringos se sentó a mi lado. Ya saben, gorros de safari, bermudas caqui, cholas con medias, camisas a cuadros. Oí a una señora que decía que no se sentía muy bien. Yo, entre mi paranoia de comprar fármacos en países demasiado desconocidos, había estado sobreviviendo mi leve malestar a punta de té del hostal... Así que en aras de establecer el diálogo y mantener mi sanidad mental vino el clásico: "Sorry, I couldn't help over hearing your conversation..." (ja!) "...i've been feeling pretty bad myself and I just wanted to know if maybe you knew where can I find a pharmacy and what is the romanian name for Paracethamol?"

La culpa no es de Sighisoara, ni de Transilvania. Fue este bajón viajero, que nunca pensé en contar, porque los viajeros no se preocupan por el nombre en rumano del paracetamol ni temen ser mordidos por perros con rabia.

jueves 3 de noviembre de 2011

El honesto 26

Si me dieran un bolívar por cada vez que aparezco en este blog diciendo: "Sé que he estado ausente, estoy en un momento de poca inspiración, no tengo tiempo, qué cagada, lo juro que volveré", no sería millonaria, pero probablemente pueda comer fuera en Caracas durante una semana (que es casi como ser millonario). 


La inconsistencia y la falta de seriedad son mis molinitos de viento. Eso lo sé.


Anyway. En otro de mis intentos por volver con ustedes (y conmigo), estuve jurungando notas que no había subido, o que tenía que editar, o que estaban perfectamente listas pero que por idioteces decidí no publicar. Como por ejemplo la siguiente.


Hace un año y piquito se aproximaban las elecciones parlamentarias del 26 de Septiembre, había un aire de "todo el mundo sonría y vote y cállese la boca", la desesperación de tener alguna posibilidad de cambio era tal que uno podía sentir que una crítica podía desmantelarle el sistemita a muchísima gente que aseguraba confiar en los candidatos. O bueno, al menos eso sentí yo. Ante esa presión, escribí algo y por no ir contra el mood general, no lo publiqué. 


No es gran cosa, pero para mí fue un momento muy adolescente, de peer pressure total.


Hoy, un año después y en cercanas vísperas de próximos procesos electorales: ¿somos los mismos?


------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Caracas, 22 de Septiembre de 2010.

Este es un mensaje para los que fingen no dudar. Quienes no duden, pues bravo!

Yo quiero que nos sinceremos.

Quiero que nos dejemos de poses que busquen demostrarle a los demás que somos "especiales" y que somos alegres y que nos caracteriza una gran calidez humana, cuando en realidad hoy, podemos picar el aire con un cuchillo de lo violentos y alejados que estamos.

Quiero vernos con la cara realmente metida en el barro, reconocida en el barro, aprendida desde el barro y callada desde el barro. Pero lo que veo es un gran desastre cubierto con margaritas y guirnaldas, como si las canciones y los videos graciosos pudiesen tapar lo triste que será votar este Domingo 26.

Quiero que hablemos del gran elefante que hay en la habitación: nuestras opciones son espantosas, así que dejémonos de actos y fanfarrias, votemos y ya.

Porque una vez que nos digamos esto de frente y nos miremos a los ojos, pondremos nuestras manos en las rodillas y nos levantaremos más preparados para lo que viene, ya que no estaremos tratando de creer algo que no es verdad.

No niego que haya gente que genuinamente piense que nuestros candidatos son la mejor opción, pero joder, puedo apostar que hay más gente que cree lo contrario y votará igual, como yo; con los ojos cerrados, con una verguenza pesada y con una elegante resignación, que bajo ningún concepto significa tirar la toalla, sino jugar con las piezas que hay para intentar acercarnos a alguna versión de jaque mate.

Este voto no va a ser un voto alegre y mientas más negación haya y menos espacio para los que piensan así, más deprimente y pastosa será la situación. Porque no sólo es objetivamente complicada, sino que además me quieren decir que Antonio Ledezma y Enrique Mendoza son nuestra cereza sobre el pastel. Me quieren mirar a la cara y decirme que esto es lo mejor que pudimos hacer. Gente que conozco y que sé que piensa así, cree por alguna razón que el remedio a la depresión colectiva es negar que son patéticos y sacar una triste alegría de donde no la tienen.

¿Que estamos arrechos, hartos, cansados, adoloridos, hastiados? Claro que sí, entonces úsemoslo. Los venezolanos somos más inteligentes de lo que creemos, y no hace falta mentirnos descaradamente y fingir satisfacción. Si algo nos tienen que enseñar estas elecciones es que los candidatos no pueden ser vendidos como trapitos calientes, porque en lugar de aminorar el hastío lo amplifican, porque la gran mayoría piensa en el fondo:

¿De verdad? ¿ENRIQUE MENDOZA? Tanto manoteo y tanto "debate" y tanta consigna en las marchas ¿POR ENRIQUE MENDOZA?

Entonces, reconozcamos la patética situación de nuestras opciones y con este reconocimiento miremos hacia adelante, créanlo o no, con confianza, con honestidad y con los brazos verdaderamente abiertos.

¿Que hay que hacerlo? Sí. Hay que hacerlo, los votos importan e importarán. Pero no me digan que me entusiasme, no me hablen más de la cuenta, no me idealicen estas elecciones. Mientras más honestos seamos con nosotros mismos, mejor.

Quién soy?

Archivo del Blog