viernes, 17 de mayo de 2013

Status Rayuela #1


En tercer año de la universidad estudiamos a Parménides. Lo que en varias clases ya yo descartaba como algo imposible de comprender se me manifestó una noche en medias y camisola en mi cama. Se relajaron las pretensiones y en el medio de la más tranquila ingenuidad entendí porqué el cambio es aparente y “todo permanece”. Grité: “¡DE BOOOOOLAS!” y me sentí increíble.

Ahora mismo no entraré en transmitir lo que comprendí. En este caso, yo con mi entendimiento tengo. Lo importante es que esa cuesta está caminada y que se añade el logro del entendimiento de Parménides a esa lista de cosas que hacer antes de morir. A esa cajita que va acumulando pepitas de oro, en la que hay libros, momentos, besos y borracheras.

Tenía tiempo sin entrar en ese estupor hasta que comencé a leer este libro. Ya no por lograr la comprehensión intelectual sino por sentirme un poquito merecedora de estar en los zapatos del autor. Esto pasa a momentos porque no es fácil y sigo jugando con paciencia y sin ponerme límites. Es entonces un entendimiento un poquito menos concreto pero igualmente celebrable.

Este libro no trata de atraparme ni yo trato de que me atrape; esos correteos se los dejo a los que están por venir y además, ya estoy vieja pa’ la gracia. Esto se disfruta como un soufflé: por lo que es. En el momento en el que la página se abre y no se añora cuando se cierra. Es una persona con todas sus mañas y regalos y quebrantos y cosas bonitas, la cosa es cómo se las toma el que lee. Uno termina satisfecho de haber tendido la mano al capítulo y que al pasar al siguiente, tengas una ligera sonrisita algo pendeja.

Status terminado.


Salud.

viernes, 12 de abril de 2013

quiero hacer un paréntesis


Hay un cuento de cuando tenía cinco o seis años, de una conversación con mi mamá sobre una inquietud rarísima que me obsesionó por mucho tiempo. 

La frase clave de la conversa era: 
Mamá. Tengo miedo… Tengo miedo de ser… puta!!!”. 
Cinco años, CINCO.

Hoy entiendo que tenía un miedo enorme a sentir atracción por los clásicos instintos sexuales primerizos. Veía una película que me parecía sexy y pensaba que iba a ser una puta, normal. Tan normal como creer que los bebés vienen de que un hombre le haga pipí adentro a una mujer. Children stuff.

Hoy ya no hay tanto miedo pero más locura.

Hoy hay veces en las que sin querer, como ahora, pasan por mi cabeza muy rápidamente las imágenes más depravadas posibles en la vida del universo galáctico. Es algo que a veces trasciende lo sexy y es sólo… depravado. No hay otra manera de ponerlo. Estos glimpses de perversión vienen y van. Y cuando tengo suficiente conciencia como para darme cuenta de lo que me estoy imaginando, y lo que es peor, cuando empiezo a ponerle rostros a los involucrados, tengo que hacer algo, algún gesto físico que detenga esta locura. Generalmente es una sacudida de cabeza, un apretón de párpados. Cualquier cosa que detenga esa sinapsis extraña.

Y no es que vengo pensando en algo y voy hilando una historia que termine vinculada con la depravación. No. Es que de repente estoy comprando harina pan y pienso en Nicolás Maduro con mi prima menor y un mapache. Y esto es light. Una foto, pues. Un capture, cero historia ahí para desarrollar. Y no lo disfruto, es una cuestión de cuán lejos puedo llegar.



Back to Cortázar. Perdón...


lunes, 8 de abril de 2013

Don Tolstoi y sus mujeres

"Ya iba a lanzarme en persecución del otro, cuando me acordé de que hubiera sido ridículo correr descalzo a la caza del amante de mi mujer, y no quería ser ridículo: quería ser terrible."


Dale play antes de leer


Esto que suena en el video anexo es Beethoven. Esta es la Sonata para violín n.º 9, comúnmente conocida como la Sonata a Kreutzer. Tiene tres movimientos hilados por un inquieto violín que, después de leer la obra homónima de Tolstoi, se siente como las voces dentro de una mente ansiosa. Argumentan, razonan, se angustian, se arrepienten, piden perdón, argumentan ahora con gritos, se desploman, se calman a ellas mismas.

Esta pieza fue originalmente dedicada al violinista, George Bridgetower, quien acompañó a Beethoven en el violín el día del estreno. Horas después, en el after party, Bridgetower con unos tragos encima y con el levita arrugado, se mandó unos comentarios impertinentes con una mujer que acompañaba ese día a Beethoven. 

Mala idea. Se apoderaron de Ludwig las voces aviolinadas y lo eliminó de la dedicatoria. En su lugar puso el nombre de Rodolphe Kreutzer, otro gran violinista de la época. 

Otra mujer (mismas voces), es la que desencadena en el protagonista del libro, un monólogo bestial sobre el matrimonio y el sexo como la peor de las costumbres, cuya música de fondo tiene que continuar siendo la sonata n.º 9.  Un hombre pensando en voz alta desde la culpa, la rabia y la moral, que lo justifica todo.

Y como el hilo conductor de estos hombres tormentosos pareciera ser siempre una mujer que los desencaja, la última y más importante es Sonya, esposa de Tolstoi y madre de sus trece hijos; a quien él mismo llamó "su enfermedad". Tolstoi cargaba con una buena cantidad de demonios y a mitad de los 30 hizo una conversión espiritual muy similar a la que hacen un preso con la religión evangélica: sustituir obsesiones. Terminó igual, por lo que su desplazamiento de males no sirvió de mucho. Los culpables eran los mismos.



Adagio sostenuto



En la historia, como en Beethoven, todo empieza bien. Eran los primeritos años del amor, los besos locos y en este caso, la cómoda ignorancia del otro. La vida juntos cargada de fotos familiares, momentos mediocres de postal, gastos compartidos, hijos en la escuela y pagos a la criada, empieza a formarse junto con un desprecio terrible que se embotelló. Dos válvulas de escape: los gritos y los orgasmos, ambos con rabia (contrapuntea el violín con el piano).

 

Adagio



Así, el malestar del día a día es irracionalmente adictivo y queriendo escapar de esta persona pasa lo contrario. La cela aún más porque o somos miserables los dos o ninguno. Somos las bestias de carga del otro y de aquí no te vas. 


Presto



Y entonces, el clímax (que ni de vaina voy a revelar). El de los celos, el de los gemidos con rabia, el del crimen y el de la culpa. Todo el libro es un clímax. No sabes si terminas agotado o excitado.

Fucking russians...



Vuelvo oficialmente al proyecto luego de un mes complejo y con sus tormentos, como los personajes en estos libros.

Para este regreso la lección es clara: dejarse de mariqueras. Empiezo a madurar y a dejar mis rebeldías a juro de lado. Para ello voy a leer un libro al que le huí durante mucho tiempo: Rayuela. 

Ojalá pudiese decir que le huí por razones menos malcriadas, pero fue puro punk barato de bachillerato. Pero bueno, madurando estamos y el momento es perfecto porque cumple 50 anios y hay que darle una probadita.


Chao, Tolstoi, take it easy.







jueves, 21 de febrero de 2013

Libro #3




Luego de luchar con los torrentz de la vida para bajar la versión de Oliver Twist de Polanski, decidí que el show debe continuar.

Hoy empiezo el tercer libro: La sonata a Kreutzer de León N. Tolstoi.

Spasiba.





martes, 19 de febrero de 2013

La llaga de Dickens

"-No, señor, no vacilo- replicó Nancy, después de un momento de lucha interior -; estoy encadenada a mi antigua vida; la maldigo y la odio ahora; pero no puedo abandonarla. He ido demasiado lejos para volver atrás, y sin embargo no sé lo que me pasa...."



Libro: Oliver Twist
Autor: Charles Dickens
Año: 1837

Edición: Jackson
Año de edición: 1946


Tengo un amigo que me dijo que la película Lo Imposible le pareció la cosa más cursi del mundo. Yo dentro mi racionalidad, puedo coincidir.

Sin embargo, le traté de explicar que no importa bajo qué contexto, con qué calidad narrativa, en Tailandia o en Miami, si se me presenta una historia en la que hay niños sufriendo, yo me compadezco hasta el fin, y me nublo... me nublo.

Por ejemplo, Un cuento americano. Aquella comiquita de un ratón que se iba con su familia de Rusia a América, esa traumática historia me perseguirá por siempre. En Ciudad de Dios me iba dando un ataque con Zé Pequeño de niño y su imposibilidad de cambiar porque "el mundo lo hizo así". La Princesita, una niña cuyo pasado como princesa es pisoteado a raíz de la muerte de su padre y es condenada a vivir en un orfanato como criada.

¿Ya ven hacia donde me estoy dirigiendo?

Oliver Twist gira alrededor de los padecimientos de un niño que es maltratado por la vida una y otra vez; y él, en su estoicismo, muerde el polvo, una y otra vez. Esta historia para mí fue un tiro al piso.

Y la verdad es que Dickens es curioso. Después de someter a Oliver a tanto sufrimiento, y después a Nancy, y después a Rosa, y a Carlitos; una, en su cinismo post-moderno, no puede evitar sentir que este señor estaba carcajeándose cada vez que hacia pasar hambre y frio a estos personajes. Y no me extraña. Uno de los placeres culposos de Dickens era visitar la morgue de Londres y observar a los cadáveres. Lo llamaba "la atracción por la repulsión".

Es un genio, algo morboso, pero un genio.

No solo por la delicadeza con la que lo vemos describir con gozo ese tristísimo panorama, sino que además, los personajes una vez más como en Macbeth, incluso siendo niños, están claros del rol que ejercen y del sufrimiento que viene con ese rol. Nancy, para mi el mejor de todos, personifica justamente esto. Una niña convencida de que su destino es el sufrimiento y que por eso no duda en rechazar las posibilidades que le ofrecen de salir de su desafortunada situación.

Sé que podría estar mejor, pero no lo estaré. Padeceré aqui, con mi captor. Naguará de sindrome de Estocolmo. Nancy, una de las primeras víctimas de violencia domestica glorificada.

Ahora bien, todos estos juicios los hago ahora. Si hubiese estado juzgando la historia mientras la leía desde esta perspectiva, quizá no lo hubiese disfrutado tanto.

Así que lo primero que debe uno hacer, aunque parezca obvio, es removerse los lentecitos de la modernidad, y adentrarse en la enorme llaga que es esta historia. Removerse dentro de ella. Llenarse las rodillas de lodo, arquear nuestras cejas trágicamente, ponernos un gorrito y pedir siempre más avena.


Nota:
Polanski tambien hizo una version de Oliver Twist en 2005 con Ben Kingsley como Fagin. IMDB le da unas cuantas estrellitas. Si ya estamos en modo morboso, vámonos con el mas morboso de todos. Una vez mas, el señor Roman.

jueves, 17 de enero de 2013

La película


Macbeth (1971)

Polanski se la come siempre.


#Edúcameplis

martes, 15 de enero de 2013

Libro 2.

Día 13
Libro 2

Seguimos con Oliverio Twist (1838)  de Charles Dickens