jueves, 3 de febrero de 2011

Agarra tu ratón muelto


RatónMuelto from Claudia Lizardo on Vimeo.

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Los momentos de lucidez me vienen en la madrugada. "Excelente idea. Mañana lo haré" me digo a mi misma a las 3:15 am.  

 El problema es que la mañana de las 10:30 ya no tiene tanta épica, tiene mal aliento y ganas de desayunar algo frito. Cualquier conjetura "genial" engendrada durante la madrugada anterior se queda dormida apenas introduces el cepillo de dientes en la boca. Apenas ves a la caricaturita de ojos adormecidos en el espejo del baño. 

De ahí en adelante todo es mas mundano, menos La Odisea y mas Asterix. Poético mañanero, no de copa de vino sino de marroncito pequeño. 

"Pensé en algo anoche" dices buscando azúcar para el café con flojera: "es una idea muy interesante para una historia. Es un hombre cuya madre era enfermera, no... secretaria de un notario que sufre de esquizofrenia... O de parkinson.. Da igual..." 

Los demás mantienen una mirada inexpresiva y como quieres cubrirle las espaldas a tu ingenio incomprendido dices algo así como "si hubiesen estado despiertos anoche, entenderían" 

Además, no todos los bombillos que se nos encienden en las madrugadas son precisamente nuestros

"Pensé en algo genial anoche! Imagina una colegio al estilo ingles. Lo tienes? Bien. El asunto es que no se trata de un colegio normal, no no. Es un colegio de magos que recibe a un nino mago huerfano muy importante!" 

Conclusion: a las ideas rumberas hay que tenerles paciencia porque lo que tienen es resaca.

Porque si, el pensamiento de las 11 am es útil sin duda, pero holgazán

lunes, 3 de enero de 2011

Eres llorar a solas con la almohada



y la promesa de portarse bien...



Eres morirse por la madrugada



y un poco flor caída desde el tren

miércoles, 17 de noviembre de 2010

fiftitri

Verdaderamente extasiada por el interés en próximos posts para el blog. Hacen que esta media noche sea poética en lugar de patética a pesar de un hambre que me carcome y de un dolorcito fuerte en los tobillos por andar consolándome de mi falta de ejercicio formal mediante caminatas en punta de pie por las escaleras del metro, ya no de Caracas, sino de Barcelona, dónde la llegada a cada estación se anuncia con un frío mensaje grabado en lugar de la característica y risueña voz de un criollo diciendo: "Estacionsfipaloverdhe".

No hay post personal para hoy aunque por ahí viene, lo que hay es un cuento de un amigo, ganador de un premio nada piedrero, y merecedor de una entrevista en la tele catalana en chores y cholas. Leerlo para mí fue viajar a otra década, y eso está bueno cuando en estos tiempos de siglas 07,08,09,10... nos sentimos medio perdidos. Go, Nico.

"53" por Nicolás Manzano. http://www.flickr.com/photos/nikkomanzano/4922235099/


(Ganador del 1er concurso Gràcia: mira-la i conta-la)
Es innegable que con el pasar de los años, cualquier cambio que amenace nuestro espacio nos resulta hostil y aterrador. Pero arrastra consigo una frecuencia sonora casi inaudible, que nos despierta del siempre silencioso letargo de la cotidianidad.

Aquel domingo no había podido asistir Jordi Arnau; mi habitual compañero de juego y vecino de toda la vida del Carrer Montmany. En su lugar habíamos decidido invitar a un desconocido del barrio; un solitario anciano que solía frecuentar La Plaza del Diamante. Boris Lancaster era su nombre.

La mirada perdida y 4 rondas dispersas carentes de toda lógica, me llevaron a pensar que el Sr. Lancaster no tenía la mas mínima noción de lo que significa jugar dominó en equipo. Quizás sea la senilidad, pensé.
Tradicionalmente, durante el desarrollo del juego no se permite intercambiar ninguna palabra, a fin de evitar que los miembros de un mismo equipo se comuniquen entre sí. Motivado por el poco nivel de juego que había en la mesa, decidí pasar por alto aquel principio ¿A qué se dedica usted Sr. Lancaster? Le pregunté. Todos se miraron por un instante que pareció eterno, pero él no emitió palabra alguna. Encendí un cigarrillo, volví a detallarlo, y me convencí de que podía ganar la partida sin él. 

Al terminar aquella ronda, me pidió que apagara el cigarrillo y me contestó: solía ser profesor, pero ahora soy jubilado. Era la primera vez que la mirada de aquel sujeto parecía estar enfocada ,y como Pep seguía removiendo las fichas, me dio tiempo para soltarle un par de consejos sobre el juego. 

Esa ronda la ganamos, corroborando lo evidente; si a partir de ese momento me concentraba y dejaba de pensar colectivamente, yo ganaría la partida, e incluso la idea de repartir créditos con aquel anciano, no me molestaba demasiado.
El azar me había traído una mano excelente; e inmediatamente, había tomado el control de los dos extremos de la mesa. Me sentía seguro y excitado, como quién oculta una gran verdad. Aproveché que frente a nosotros pasó una pequeña niña como excusa para liberar mi sonrisa, volví la mirada hacía la mesa; todavía sonriente, y la mano del Sr. Boris Lancaster aún tapaba la ficha que acababa de dejar en la mesa ¿Qué has hecho? Le pregunté, ¡Has trancado el juego! Pep y Gonzalo sonreían mientras iniciaban el conteo de las fichas, el anciano se levantó de la mesa, cogió su maletín, y sin ver ni una sola ficha dijo: no hace falta que cuenten las nuestras; las de ustedes, caballeros, suman 53.
Luego de eso me cogió por el hombro, se despidió de todos con una sonrisa, y se fue caminando lentamente en dirección a La Plaza. Pep y Gonzalo comprobaron que la sumatoria era cierta, y nunca más volvimos a verlo.

sábado, 9 de octubre de 2010

oráculo en ciudad universitaria

Y ése día hizo una ofrenda.

Algo parecido a lo que hacían los aztecas con los corazones de las vírgenes pero sustrayéndole el drama y el desmembramiento. Ése día, luego de la empanada de mechada con salsa de ajo, comida en medio de un colectivo que a pie esperaba su turno para coger el picante, pasó de lado a una anciana, de unos 80 años, que vendía en el piso de la Plaza Las Tres Gracias, unos pañitos de cocina. Tarjetas desgastadas de Piolín para el día de los enamorados, encendedores, dos esponjas y un prendedor brillante en forma de lazo. Iba a ser probablemente la única clienta del día de la anciana, de la semana, o del mes.

Cargando todo el evento con gran romanticismo e intuición (porque a través del raciocinio cuadrado y lógico no hubiese tenido mucho sentido) pensó: “Voy a comprarlo”. La compra fue la ofrenda, una especie de regalo místico para que las ruedas se mantuvieran en movimiento, para dinamizar una semana que se veía catastrófica; un simbolismo… holístico o algo así. Lo importantes es que cambió algo, hizo lo que nunca hace, y se detuvo para comprarle a la anciana el prendedor. Valió el brillo en los ojos de la señora, y a pesar de regatear con ella (la anciana no era tonta), terminó llevándose el lazo a casa.

Era un de las compras más significativas que había hecho porque estaba absolutamente convencido del objetivo que buscaba. “Esto es una ofrenda al universo, algo para que los engranajes no se detengan”.
Yo, que jamás hago cosas así, hoy le compré un lazo de fantasía a una anciana de 80 años que solitaria esperaba en la esquina de la vacía fuente, al lado del empanadero. Mi pitonisa urbana, ni ella misma lo hubiese creído.

domingo, 3 de octubre de 2010

marimacho

Haciendo poco a poco una auto-biblia del estilo, éste link fue la luz que me bajó del cielo:
Desde Louise May Alcott hasta Siouxie Sioux:
www.tomboystyle.blogspot.com/

miércoles, 29 de septiembre de 2010

éclair du photo

Este link me lo dió Jano

Más bombones visuales

http://www.recordisphotography.com/